De las antiguas figuras grotescas utilizadas en las escenificaciones callejeras que se mezclaban con el cortejo procesional, destacaban los gigantones cuyo mantenimiento solía ser costoso para dar lustre a sus vestiduras y aspecto desde el siglo XVI. A finales del XVIII el cardenal Lorenzana renovó en gran medida los populares gigantones preparándose parejas que evocaban las razas del mundo o personajes históricos. No obstante el elemntomás singular para los toledanos sería la Tarasca, un gran galápago con fauces de dragón que emite humo en su deambular empujado por unos servidores y así evocar el miedo y la fiereza del mal; en la parte más alta del caparazón se muestra una muñeca que gira alocadamente, llamada popularmente la “Ana Bolena”. En la víspera del Corpus y, momentos antes de la procesión, aún recorren las calles toledanas los gigantones y la Tarasca.

Textos: Rafael del Cerro Malagón


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