En el umbral del siglo XX se sitúa la “resurrección” artística y formal de un pintor poco estudiado, vinculado a la escuela italiana, cuya pintura había caído en el olvido hasta su rescate por viajeros, pintores, poetas y escritores en general de inclinación romántica. Luego vendrían las opiniones de los historiadores y críticos con estudios, análisis de su obra, catálogos y espacios museísticos creados exclusivamente para rehabilitar al Greco, visto ya como un pintor relacionado con el arte español de los siglos XVI y XVII.

Primeras claves

1901, Azorín desde la prensa demandaba una sala en el Prado dedicada específicamente el pintor
1902. El Museo del Prado de Madrid organizó la Exposición de las obras de Domenico Theotocópuli llamado El Greco, reuniéndose 23 cuadros del Museo más 61 procedentes de colecciones particulares. Destacó el estudio de Salvador Viniegra que desechó la vetusta tesis sobre la locura del Greco.
1908. Manuel Bartolomé Cossío (1857-1935) publica El Greco, uno de los primeros estudios sistemáticos, viéndole como uno de “los más castizos pintores españoles”, cercano al misticismo.
1908. Salón de Otoño de París. Muestra impulsada por P. Lafont conservador del Museo de Bellas Artes.
1909. Concluyen las obras de la Casa del Greco, recreada e impulsada por el marqués de la Vega-Inclán.
1910. Museo del Greco. El 27 de abril se formalizó un patronato donde concurrieron Cossío, José Villegas, el Conde de Cedillo, Beruete, Joaquín Sorolla y José Ramón Mélida. Se cedió al Estado el museo que nacía anejo a la llamada Casa del Greco, abriéndose al público el 12 de junio.
1910. Francisco de Borja de San Román (1887-1942), investigador que publicó numeroso datos desconocidos, destacando El Greco en Toledo, donde publicó 88 nuevos documentos sobre el pintor.

Otros análisis del primer tercio del siglo XX

En 1911 Maurice Barrés en su libro El Greco o el secreto de Toledo observa en el pintor una síntesis de las múltiples raíces que configuraron la ciudad. En 1910 el alemán Julius Meier-Graefe publicó Spanische Reise, viendo al Greco como un precursor de la vanguardia. En 1921 Max Dvořák, le asoció con el manierismodel siglo XVI, un modo practicado por algunos artistas interesados en manifestar un lenguaje más expresivo que la estricta frialdad de los principios renacentistas. En 1927, Willumsen y otros críticos se fijaron en la dimensión bizantina que subyace en la obra del cretense.

 

1914 y el III Centenario del Greco 

La idea oficial nació tras la inauguración de la Casa del Greco en 1910, dándose los primeros pasos en 1912 y la creación de un comité integrado por miembros del Estado, las más altas instancias civiles y religiosas de Toledo y numerosos miembros de honor entre artistas, expertos e intelectuales bajo la presidencia de Joaquín Sorolla, apareciendo entre otros nombres los de Zuloaga, Rusiñol, É. Bertaux y M. Huntington, además del marqués de la Vega-Inclán, Cossío y el gran estudioso local Borja de San Román. Entre marzo y mayo de 1914 Toledo vivió diversos actos para recordar los 300 años de la muerte del Greco. Fue el punto álgido de la rehabilitación del pintor, visto entonces como un intérprete de la religiosidad y el “temple” español ─lejos de la tesis que hacían otras opiniones más vanguardistas─, además de consagrarse una sólida dualidad para el futuro: el Greco y Toledo. Los hechos y actos más relevantes fueron
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2 de marzo. Nace la publicación Centenario del Greco bajo la dirección de Juan Moraleda y Esteban.
Marzo. Conferencias de Ventura Reyes, German Beritens, Ángel Vegue Goldoni y el doctor Kehrer.
Abril-mayo. Exposición en la Casa del Greco con cuadros, fotografías, libros y documentos varios.
6 de abril. Misa en Santo Domingo el Antiguo con un ceremonial de la época. Sesión académica de las reales academias de San Fernando, de la Historia y de la Universidad Central. Concierto de música.
7 de abril. Misa en la Catedral, con el Requiem de Mozart. Procesión cívica y descubrimiento de un monumento el paseo del Tránsito. Fiesta literaria en el Teatro Rojas y representación de Las cartas de la monja, de Eduardo Marquina, a cargo de María Guerrero y Fernando Mendoza.

Textos: Rafael del Cerro Malagón


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