Cinco testimonios


1570. Roma. Julio Clovio (1498-1578), ilustrador de miniaturas de origen croata, solicitaba en 1570 al cardenal Alejandro Farnesio, protección para un joven pintor que aún no había alcanzado los treinta años. Además de aludir a su cuna candiota y el aprendizaje hecho con Tiziano, reconoce quedar impresionado por el retrato que había hecho “de sí mismo” y que había “dejado estupefactos a todos los pintores de Roma”, estimando, sin duda que era una de los “pintores excelentes” que habían llegado a la ciudad papal.

1579. Toledo. Alejo Montoya, al mediar entre el Greco y el clero catedralicio para tasar el precio final de El Expolio que había pintado recién llegado a la ciudad, manifestó que su parecer", es tal "la grandeza del arte de la escriptura de dicho quadro", que "la estimacion del es tan grande que no tiene prescio ni estimación". Añadía que, al estudiar el ajuste económico, “con otras personas que entienden de la dicha pintura, e de ciencia y conciencia”, era de las mejores que había visto, estimando que su verdadera cuantía “pocos o ningunos” podrían pagarla.

1605 (ca.) José de Sigüenza (1544-1606), fraile jerónimo. En su obra Historia de la orden de San Jerónimo aludió el desprecio de Felipe II al ver el Martirio de San Mauricio, pintado por el Greco en 1580 para El Escorial: “cosa bien natural, porque no es del agrado de mucha gente, aunque se le crea de gran mérito, y que su autor sea muy hábil y se hayan visto cosas excelentes de su mano”.

1611. Francisco de Pacheco (1564-1644), pintor sevillano y suegro de Velázquez, visitó al Greco en Toledo. En su libro El arte de la pintura, al enumerar el apreciable valor de varios maestros, citó al cretense, a pesar de ver matices que no le agradaron: “aunque hayamos reprobado en varias ocasiones algunos de sus juicios y paradojas, no podemos excluirle del número de los grandes pintores, cuando vemos algunas cosas de su mano tan vigorosas y tan vivas (según su propia manera) que igualan a los más grandes hombres…”.

1612. Francisco de Pisa (1534-1616). En su segunda parte de la Historia de Toledo Toledo, aludía a la gran admiración que causó el Entierro del señor de Orgaz en 1588: “La pintura se hizo y es una de las más excelentes que hay en España (...). Viénenla a ver con particular admiración los forasteros y los de la ciudad nunca se cansan (...) por estar allí retratados muy al vivo muchos insignes varonesde nuestros tiempos. Fue el artífice y pintor Domingo Theotocópuli, de nación griega”.

 

Dos epitafios literarios para el Griego


Luis de Góngora (1561-1627), poeta cordobés, que, tal vez, a cambio de algún retrato perdido, escribió un soneto en memoria del pintor a modo de posible epitafio para su sepulcro:


Yace el Griego. Heredó Naturaleza
Arte; y el arte estudio; Iris, colores,
Febo, luces, si no sombras Morfeo

Hortensio Félix de Paravicino (1580-1633), fraile trinitario, poeta y amigo del Greco le dedicó cuatro sonetos. En el titulado “Al túmulo deste mismo pintor, que era el Griego de Toledo”:


Creta le dio la vida, y los pinceles
Toledo, mejor patria donde empieça
 a lograr con la muerte, eternidades.

 

Textos: Rafael del Cerro Malagón


Tweet