Todos los muros de la Catedral que coinciden con el paso del cortejo eucarístico son cubiertos de ricos tapices siguiendo así la antigua tradición que hubo en las ciudades europeas hasta el siglo XVIII para dar lustre y vistosidad a grandes actos colectivos. Las piezas textiles que se disponen el día del Corpus Christi son primordialmente de escuela flamenca reuniendo series temáticas formadas cada una de ellas por varios tapices; así los hay referidos a la exaltación de la Eucaristía, al Antiguo Testamento, a los primeros obispos toledanos, asuntos mitológicos, etc. Gran parte de ellos fueron propiciados por el cardenal Fernández Portocarrero (1677-1709). Algunos de ellos se bordaron a partir de cartones de Rubens elaborados por el maestro de Jean François van den Hecke, si bien hay piezas anteriores manufacturadas por otros artífices a principios del XVII. En ciertas épocas, en Toledo el cabildo también colgaba estos ricos paños en las principales fechas del año litúrgico o solemnes celebraciones y visitas reales.
Para evitar una larga exposición a la intemperie y su consiguiente deterioro, los tapices se colocan en las primeras horas de la mañana del Corpus, retirándose poco después de la procesión. En la actualidad, el Cabildo prepara en el antiguo Colegio de Infantes (situado en la plaza del mismo nombre), en el edificio fundado por el Cardenal Silíceo en el siglo XVI, un museo ideado para que pueda ser admirada la colección de los tapices catedralicios que, habitualmente, permanece guardada.

Textos: Rafael del Cerro Malagón


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