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Toledo 16-03-2015

El alumbrado eléctrico se estrenó en Toledo el 14 de abril 1890. La luz iluminó el cogollo urbano de Toledo (Ayuntamiento, Zocodover, Plata y Tendillas) donde, por otra parte, estaban las instituciones y los principales contribuyentes de la ciudad, y todo ello con ¡41 bombillas de 16 bujías! La Electricista Toledana había hecho el milagro suscribiéndose a su servicio de inmediato el Centro de Artistas e Industriales, el Hotel Castilla, la Academia y algún otro establecimiento oficial o de cierto postín. Sin embargo, al cabo de un año, a pesar de la meteórica velocidad física de la electricidad, la luz no llegaba a los extrarradios de la ciudad que continuaban sumidos en espesas oscuridades. Como señalábamos en la entrega anterior, en 1897 nacería una segunda firma local, La Imperial, si bien nunca alcanzaría el poder de la primera sociedad encabezada por González Triana, surgiendo entre ambas una viva competencia. Antes de estallar la Guerra Civil, una empresa madrileña irrumpiría en la ciudad que, dentro de un proceso generalizado en el sector, fue absorbiendo las compañías locales, carentes, por otra parte de suficiente músculo financiero y técnico. Eran, en definitiva, los prolegómenos del futuro y selecto club de las «eléctricas» que hoy alumbran el IBEX-35 y calientan los bolsillos de su clientela. [FOTOGALERÍA: Un recorrido en imágenes por los transformadores de Toledo]

 

Más allá de la construcción de las nuevas centrales hidroeléctricas que fueron surgiendo en las orillas del Tajo, en su abrazo a Toledo, queremos poner la atención en algunos transformadores posteriores al primero habilitado en 1898en la plaza de la Ropería y que hoy son ejemplos estéticos de la arqueología industrial del siglo XX que conviven con el resto del patrimonio histórico que conforma la ciudad.

Por orden cronológico debemos aludir primero a la pequeña caseta existente dentro de la Estación el Ferrocarril, en la cabecera de las vías, para atender la terminal. Su origen está encajado en el proyecto que trazó Narciso Clavería(1869-1935) en 1916 para levantar el nuevo edificio ferroviario presidido por una esbelta torre mudéjar -de inspiración más turolense que toledana- y que hizo olvidar el primitivo pabellón de 1858. El pequeño transformador muestra arcos apuntados entrelazados en los costados y juegos de ladrillos como los rombos situados sobre la puerta, similares a la decoración de la Mezquita del Cristo de la Luz. La cerámica de color en las tejas y la carpintería artística completan esta propuesta para que el resultado de un simple elemento técnico no desentonase dentro de todo un conjunto monumental. Señalemos que frente a este transformador existe un pabellón auxiliar, también de aire mudéjar, que según el proyecto inicial sería el «muelle de pescado», función que con los años se transformaría en carbonera.

Torrecillas mudéjares
Hacia 1930, ligado a los cambios empresariales de las empresas eléctricas deToledo, fue cuando se erigieron nuevos puntos de distribución en forma de estructuras verticales, aisladas de cualquier edificio, a base de mampostería y ladrillo, con arcos lobulados en la parte superior y un tejado de cuatro faldones con la clásica teja curva. En definitiva unas modernas torrecillas mudéjares que aparecieron en el entono amurallado y que, desde 1980 aproximadamente, se fueron eliminado tras quedar en desuso y estar sujetas a nuevas remodelaciones urbanas. En las fotos y la memoria de muchas personas aparecen estos transformadores historicistas en la laderas deGerardo Lobo, San Lucas, el paseo del Tránsito y de la puerta de Alfonso VI, habiéndose salvado, afortunadamente, el alzado en la bajada de Santa Ana, bajo la Escuela de Artes. Hoy este último, vacío de su función, mira al río y a los cigarrales, como si fuese el resto de alguna pequeña y olvidada iglesia. De una época distinta queda una de estas servidumbres, de aspecto menos «preciosista», acomodada en la plaza de Santa Isabel, junto a los muros del llamado Palacio del Rey Don Pedro. Allí pervive un transformador de aire funcional, aunque su pináculo de metal le otorga un acento de cierta distinción en este rincón del casco histórico. Hemos de señalar que, hasta hace pocos años, en la plaza de Santa Eulalia, existió otra edificación similar a ésta, junto a la entrada del edificio que conocido como las Hermanitas de los Pobres desde 1895, hoy sede de la Escuela Oficial de Idiomas.

También se pueden reseñar dos estructuras en puntos distintos. Una, enSanta Bárbara, en la subida del Hospital, de aspecto totalmente industrial, a base de mampuestos y ladrillos, alineada con las viviendas colindantes, y otra, en el seno del Poblado Obrero, en el perímetro del colegio que, tras una reciente intervención, ha perdido algún ribete de color verde en la madera que contrastaba con las encaladas paredes, una cenefa de ladrillo rojizo, quedando rematado por una cubierta de teja plana, elementos concordantes con la imagen exterior de toda la barriada.


Textos: Rafael del Cerro Malagón


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